mesa educativos?
El juego está en la base de nuestro desarrollo,
de igual forma que tiene un papel fundamental en el reino animal. Es curioso
que, en el ámbito pedagógico y educativo, tengamos que usar constantemente ese
adjetivo, “educativo”, incluso para cosas con las que hemos aprendido antes de
que la “educación” fuese un objetivo global de la sociedad y las instituciones.
El juego, nos enfrenta desde que nacemos a la
complejidad del mundo real. A través del él descubrimos las formas, nos
acercamos a las primeras amistades, exploramos y descubrimos. Con el
juego también aprendemos reglas que, posteriormente, estarán
presentes en distintos espacios y momentos de nuestra vida. Sin embargo, el
juego es el gran olvidado de nuestra sociedad.
Si acudimos a la literatura científica,
encontraremos que el juego, su sentido y razón de ser, han sido abordados
por distintas disciplinas, desde la sociología a la psicología, la pedagogía o
la antropología.
El juego es libertad: Se trata de una actividad
libre, que nadie nos obliga hacer.
El juego es una actividad placentera que tiene fin
en sí mismo: No tiene un interés más allá del paréntesis temporal que nos
permite escapar de las obligaciones diarias.
Tiene unas reglas acordadas y preestablecidas:
delimitadas por un tiempo y espacio de juego concretos.
El juego es transformador. Su espontaneidad, el
hecho de cobrar sentido en sí mismo, su énfasis como manifestación libre, aviva
el impulso natural del ser humano de transformar la realidad que le
rodea, de reinterpretarla, de representarla a través del juego, investigarla y
soñar con otras formas de concebirla.


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