Por su
parte, la educación está implementando la digitalización. Pero, además, es
previsible que vivida esta experiencia, los docentes introduzcan distintos
enfoques a sus enseñanzas, con un mayor componente emocional.
Nassim
Taleb, estadístico, plantea que los profesores hablen de la incertidumbre,
tan característica de nuestro tiempo. Si están preparando a las futuras
generaciones para su carrera profesional, es interesante que las mentalicen
bien del terreno de juego.
La
capacidad de adaptarse a tanto cambio y la creatividad serán decisivas. Y la
educación, si pretende acercarse a la realidad laboral, irá incorporando su
desarrollo poco a poco. Igual que el resto de las competencias sociales y
emocionales, que ya se señalan como la clave del éxito en el trabajo.
En España, poco a poco, van surgiendo iniciativas. Como la puesta en marcha en Canarias, desde 2014, en la que los alumnos de Primero a Cuarto de Primaria tienen 90 minutos de Educación Emocional. Un tiempo que los docentes implicados aseguran que está bien invertido, ya no solo por las implicaciones psicológicas y relacionales, sino por el rendimiento académico, que es mayor.
El futuro próximo exige este tipo de formación humana. Cualquier proyecto educacional que se precie, como auguraba el célebre Eduard Punset, debe contemplarla en su programa como pilar central. Solo así los alumnos podrán completar la educación que reciben en casa, con su familia, y crecer de una manera más sana y empática con los demás.
De eso trata, justamente, la educación. Y es la mejor manera de construir un
mundo mejor.


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